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miércoles, 18 de enero de 2017

Una cosa, luego otra...

Porque hoy iba a escribir una cosa, luego fue otra. Y ninguna le convino a mi estado de ánimo. Así que cambié de parecer, varias veces; mientras tanto no paraba de crear borradores y más borradores. Algún día serán entradas o no serán nada. Hoy es el día de no hablar de nada. Me ha sido imposible luchar contra la imbatible blancura de lo no escrito, salvo para esta catarsis.

Para redimiros, disfrutad de este corto del canadiense Malcolm Sutherland, que cobró cierta fama con su corto animado Umbra (2010), al que nos referimos ayer aquí. El que os pongo ahora se realizó el mismo año, y retrata impresiones fugaces en la ciudad de Montréal durante la celebración de la fiesta nacional. El montaje es muy sugerente, y el acompañamiento musical de Kevin Kardasz -una musiquilla de melodeón- le imprime un adecuado carácter minimalista a la pieza.





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martes, 17 de enero de 2017

Una paradoja autorreferente

Malcolm Sutherland es un ilustrador y animador canadiense. Nació en Calgary (Alberta), y estudió Grabado en el ACAD. Después se trasladaría a Montreal en 2002 para dirigir un corto animado para la NFB. Allí estudió Cine en la Universidad Concordia.

Su producción (ilustraciones, cómic y animaciones) tienen un corte experimental que lo aleja del gran público. Como muestra, os traemos su cortometraje más conocido, Umbra (2010). Para explicarlo, voy a recurrir a un dibujo, unos versos y una teoría.

M. C. Escher, Ascending and descending

El conocido dibujo de Escher, los ¿monjes? que dan vueltas subiendo (o bajando) en el plano real, pero sometidos a una geometría no euclidiana, siempre llegan al mismo sitio. Lo real y lo ilusorio actúan al mismo tiempo, como si las fronteras entre uno y otro se desdibujaran, o estuvieran sometidas a una lógica trascendental.

Jorge Luis Borges escribió:

Acaso un dios me engaña. Acaso un dios me ha condenado al tiempo, esa larga ilusión. […] Quizá no tuve ayer, quizá no he nacido.Acaso sueño haber soñado.


Por último, un somero análisis sobre las paradojas. Concretamente, las autorreferenciales, aquellas en cuya arquitectura cíclica comparece la idea de infinito. Una paradoja autorreferente concluye en un doblez de interpretación, a la vez verdadera y falsa. La más conocida, la del mentiroso, afirma: Soy un mentiroso. Si digo la verdad afirmando que soy un mentiroso, la proposición sería falsa. Si por el contrario, he mentido al decir que soy un mentiroso, lo que dice la proposición sería correcto, lo que invalida a su vez la afirmación.

A mí me gusta mucho la paradoja de Russell (popularizada como la del barbero), que en definitiva viene a decir que si un conjunto contuviese a todos los conjuntos que no se contienen a sí mismos, ese conjunto debería ser elemento de este conjunto, lo cual es absurdo, y viceversa. Si no estuviera contenido en este conjunto, éste sería incompleto, pues faltaría un elemento.

Si aquel dibujo, esa cita borgiana y las paradojas autorreferentes logran o no explicar el cortometraje de Sutherland, como cabría esperar, no es verificable. Espero, al menos, que disfruten con su visionado, como quien halla placer en la tortura, visión en la ceguera, o destellos en la podredumbre.



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