martes, 17 de enero de 2017

Una paradoja autorreferente

Malcolm Sutherland es un ilustrador y animador canadiense. Nació en Calgary (Alberta), y estudió Grabado en el ACAD. Después se trasladaría a Montreal en 2002 para dirigir un corto animado para la NFB. Allí estudió Cine en la Universidad Concordia.

Su producción (ilustraciones, cómic y animaciones) tienen un corte experimental que lo aleja del gran público. Como muestra, os traemos su cortometraje más conocido, Umbra (2010). Para explicarlo, voy a recurrir a un dibujo, unos versos y una teoría.

M. C. Escher, Ascending and descending

El conocido dibujo de Escher, los ¿monjes? que dan vueltas subiendo (o bajando) en el plano real, pero sometidos a una geometría no euclidiana, siempre llegan al mismo sitio. Lo real y lo ilusorio actúan al mismo tiempo, como si las fronteras entre uno y otro se desdibujaran, o estuvieran sometidas a una lógica trascendental.

Jorge Luis Borges escribió:

Acaso un dios me engaña. Acaso un dios me ha condenado al tiempo, esa larga ilusión. […] Quizá no tuve ayer, quizá no he nacido.Acaso sueño haber soñado.


Por último, un somero análisis sobre las paradojas. Concretamente, las autorreferenciales, aquellas en cuya arquitectura cíclica comparece la idea de infinito. Una paradoja autorreferente concluye en un doblez de interpretación, a la vez verdadera y falsa. La más conocida, la del mentiroso, afirma: Soy un mentiroso. Si digo la verdad afirmando que soy un mentiroso, la proposición sería falsa. Si por el contrario, he mentido al decir que soy un mentiroso, lo que dice la proposición sería correcto, lo que invalida a su vez la afirmación.

A mí me gusta mucho la paradoja de Russell (popularizada como la del barbero), que en definitiva viene a decir que si un conjunto contuviese a todos los conjuntos que no se contienen a sí mismos, ese conjunto debería ser elemento de este conjunto, lo cual es absurdo, y viceversa. Si no estuviera contenido en este conjunto, éste sería incompleto, pues faltaría un elemento.

Si aquel dibujo, esa cita borgiana y las paradojas autorreferentes logran o no explicar el cortometraje de Sutherland, como cabría esperar, no es verificable. Espero, al menos, que disfruten con su visionado, como quien halla placer en la tortura, visión en la ceguera, o destellos en la podredumbre.



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miércoles, 11 de enero de 2017

Merci, Von Choltitz

Von Choltitz fue el gobernador alemán de París durante los últimos días de la ocupación alemana. Un gobernador desobediente, al menos en lo que respecta a las órdenes recibidas de destruir los principales monumentos de la ciudad en caso de que el ejército nazi no pudiera frenar el avance aliado y conservar la capital francesa.


Una historia que René Clement llevó al celuloide (¿Arde París?, 1966) y que os emplazo a ver, para satisfacción cinéfila (obvia) y también para la de cuantos viajeros van a la ciudad a radiografiarla: pintarla, fotografiarla, filmarla, escribirla, soñarla...

Le debemos gratitud a aquella desobediencia. Aunque el sabor que nos deja la reflexión tiene un sabor agridulce. Me queda la congoja del destrozo que sufren otras ciudades, mucho menos afortunadas...

© Enrique Carratalá
No ardió el puente de Alejandro III
© Enrique Carratalá
No ardió Les invalides
© Enrique Carratalá
No ardió Notre-Dame

© Enrique Carratalá
No ardió París

Merci beaucoup!

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domingo, 8 de enero de 2017

Los primeros pasos del cine

Auguste y Louis Lumière
Vayámonos a los orígenes del cine. Seguir un orden cronológico no es el único método, pero tiene una notable importancia compaginar los hallazgos iniciales, titubeantes, de los pioneros del cine, con las escenas maestras de su desarrollo histórico.

La mayoría de los métodos de lectura tradicional reproducen el orden natural de adquisición de los fonemas. Así, la "p" o la "m" introducen al niño al mundo de la lectura. Primero sílabas, luego palabras, luego oraciones, luego textos.

Creo que para comprender el lenguaje cinematográfico es necesario remontarse a las primeras palabras, más bien balbuceos, del cine. Es el año 1895. A finales ya. Los hermanos Lumière proyectan sus primeros filmes, documentales de apenas un minuto de duración. Precine: la intención artística no está clara aún, pero las imágenes están dotadas de movimiento y "relatan" un acontecimiento. La "p" y la "m" de la lectura cinematográfica. Sus características más notables:


  • Autarquía del encuadre: toda acción empieza y termina en un mismo encuadre.
  • Único plano de conjunto.
  • Ausencia de ficción (menos mal que llegó Méliès y le proporcionó un carácter narrativo al cine, librándolo de ser otro de los muchos inventos que se realizaron a finales del siglo XIX).
  • Angulación horizontal de la cámara y ausencia de movimientos de la misma.
  • Sin montaje.
  • Sin clausura del relato.
  • Composición centrífuga del plano, aprovechando la totalidad del encuadre y evitando un centro predominante de la escena.
Propongo ver al menos tres. Salida de los obreros de la fábrica (1895). Fue el primero, el pistoletazo de salida de un nuevo arte que en menos de tres décadas iba a dejar ya sus primeras obras maestras.



Meses más tarde se rodó la que es considerada la primera película de ficción: El regador regado (1895). Aquí hay una intención narrativa, aunque se trate de un simple gag. En cualquier caso, el primer gag de la historia.


Por último, los primeros pinitos con el montaje: Demolición de un muro (1896). Los hermanos Lumière muestran el rebobinado de una escena. Más motivados por la experimentación que por las cualidades artísticas del producto, dan un importante primer paso mediante la aplicación del trucaje. Lo que dará de sí esto...





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Planos y ángulos en una historia de detectives

El otro día, en un primer acercamiento, me referí a planos y ángulos. Pues qué mejor que verlo de la mano de maestros, y digamos que la de Wyler está fuera de toda duda.

Toda la historia de Detective Story (Brigada 21, 1951) transcurre en la Comisaría 21 de Manhattan (Nueva York). El trabajo de Wyler debe ser excepcional, y ello por dos motivos: se trata de un único escenario (a excepción de unas pocas imágenes rodadas en los exteriores de la comisaría); y además porque adapta al cine una obra de teatro. Dos dificultades para llevarla a la gran pantalla, que debe saldarse con un buen manejo de la puesta en escena (hay abundante reparto condensado en un escenario único de pequeñas dimensiones) y, obviamente, con un uso eficaz de la cámara que dé coherencia fílmica a una obra escrita para los escenarios de Broadway.

Alabanzas aparte al trabajo de dirección, son igualmente reseñables el trabajo de todo el reparto (sin olvidar a los imprescindibles secundarios), la estupenda fotografía de Lee Garmes, y las buenas cualidades del propio guión.


En este fotograma podemos ver a la pareja protagonista. En primer plano está el agente McLeod (Kirk Douglas), de pie y con la mirada baja. Hombre incorruptible, de fuertes principios. Estos mismos principios son los que le están ahogando, manteniendo una lucha interna entre la prevalencia de un rigor moral inflexible o la compasión humana de la que carece. En segundo plano, sentada, está Mary (Eleanor Parker). Poco sabíamos de ella hasta esta escena: que es su mujer, y que la pareja está profundamente enamorada. Pero un hecho viene a alterar la apacible convivencia de la pareja. Se ha descubierto que ella esconde un pasado, se lo confiesa a su marido, y deciden encerrarse en una habitación para hablar. Wyler resuelve esta escena mediante el uso de un picado, mostrando la superioridad moral del agente McLeod y el sentimiento de culpa de Mary.
Ésta es la resolución de Wyler, un director al que se le ha "acusado" de ser extremadamente formal, de no imprimir un sello personal, de autor, a su filmografía. Se podía haber tomado partido. Se podía no haber usado el picado, para defender la difícil situación de Mary. Se podía usar un plano medio para poner a la pareja en "igualdad de condiciones". Pero Wyler, en este momento preciso de la película, decide hacer prevalecer esta superioridad moral del agente McLeod, porque así lo sienten ambos. El posterior desarrollo de la película nos revelará en qué queda todo. Wyler no anticipa el guión, no defiende el caso, no es juez. Únicamente, y no es poco, acompaña la evolución psicológica de sus actores. Veamos la siguiente escena, abundando en lo mismo:


Aquí veremos la misma intención, esta vez mediante el uso de un contrapicado. Arthur (Craig Hill) es un delincuente que ha sido detenido por cometer un robo. Todo apunta a una estupidez de enamorado, aunque él está decidido a afrontar lo que se le viene encima. Moralmente, Arthur se sentía fuerte hasta la escena del fotograma. Irrumpe con fuerza el personaje de Cathy (Susan Carmichael), que intercede por él, lo avala, y logra convencer del arrepentimiento de Arthur y su auténtica bondad al detective Brody (magnífico William Bendix), no así a McLeod, que no es capaz de discernir si es más justo el perdón que el castigo, según las ocasiones.
Wyler incide de nuevo en el aspecto expresivo de la angulación, remarcando el detalle de las cadenas, del bajón moral de Arthur y de la abnegada Cathy, que lucha por sacar del atolladero a su amigo, del que siempre ha estado enamorada, aunque él nunca la había visto más que como una amiga que siempre estaba ahí.


Pero no todos van a ser picados y contrapicados. Su carácter suele ser muy expresivo, pero contribuyen poco al desarrollo narrativo. En este plano general podemos ver a la anterior pareja (al fondo), al detective Brody (en medio), y en un primer plano a un "auténtico" par de sinvergüenzas. El detective viene de propinarle un par de patadas a Charley (Joseph Wiseman), que se contrae de dolor. Si nos fijamos bien, al fondo, sobre la pared, aparece un cartel que habla de la "cortesía" con la que atiende el personal de la comisaría.
Es en estos planos medios donde Wyler se luce. Al fondo, un desesperado Arthur mira a Charley, el sinvergüenza que le acaba de recordar cómo acabará él después de pasar una temporadita en la trena. Cathy se fija, sin embargo, en la que puede ser su única tabla de salvación: el detective Brody, que está convencido de la bondad natural de Arthur. La otra mirada es la que le echa Lewis (Michael Strong) a su compañero de fechorías. Poco le importa la suerte de su amigo, con el que acaba de negociar quién se llevará unos dólares de más del último golpe, subrayando así la bajeza moral en la que ambos personajes se mueven.

Sí, y todo ello en un solo plano.

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viernes, 6 de enero de 2017

After Life... Un recuerdo

Has muerto. ¿Y ahora qué? ¿La nada, el limbo, el infierno, el paraíso? ¿Cuál es el premio por una vida virtuosa, el castigo por una vida de maldad? ¿Qué apariencia tendrás cuando hayas muerto? ¿Podrás redimirte? ¿Un retorno expiatorio, la reencarnación? Y los sentimientos, ¿es cosa de este mundo? Nuestros odios, nuestras pasiones, ¿se quedarán aquí con tu cuerpo fenecido?

After Life (1998) es el segundo largometraje de ficción del aclamado director Hirokazu Koreeda. ¿Y después de la vida, qué? Koreeda nos pone en la piel de un grupo de recién fallecidos, que son recibidos por un grupo de personas (de momento, poco sabemos de ellas) con la intención de ayudarlos. Este grupo de "consejeros" les explican a los recién llegados que pasarán juntos una semana, tiempo durante el cual deberán elegir un recuerdo, sólo uno, con el que "vivirán" el resto de su existencia. 

Así que vamos a responder algunas preguntas:

Pasen primero por ventanilla...
Has muerto. Hoy es lunes, y entras junto a otros fallecidos a un viejo edificio. Estás desorientado. Te recibe un pequeño grupo que os reúne a todos en una habitación. Uno a uno, os van llamando aparte. Es tu turno. Te recibe un chico joven que te explica que él también está muerto, y que su tarea aquí es la orientarte. Te da un plazo de tres días para meditar sobre tu propia vida. Transcurridos esos tres días, deberás decirle con cuál de todos los momentos de tu vida te quedas... Piénsalo bien, sólo debes elegir uno. El resto de la semana, él se dedicará a recrear ese momento con la mayor exactitud posible y lo plasmará en una película.

Puede ser que decidas no elegir... ¡es una opción! ¿Quién en su sano juicio descartaría todos los buenos momentos de una vida para quedarse sólo con uno? Recuerdas una canción de Rush que decía:

"if you choose not to decide, you still have made a choice"

Es absurdo quedarse con un único recuerdo
Puede ser que no tengas ni un sólo momento tan significativo en tu vida que merezca la pena ser recordado ad infinitum. Que tus actos sean una fuente de remordimientos, o que tu vida sea de una pasmosa mediocridad. ¿Quién querría recordar  una y otra vez lo ruin que fuiste en vida, o tu anodina existencia?

No hay nada que quiera recordar. ¿No es eso lo más parecido al infierno?
Puede ser que la senectud haya hecho mella en tu cerebro, y no estás capacitado ya para decidir.

Puede ser, tal vez, que lo tengas claro... ¡Afortunado tú!

Cuando era pequeña...
Koreeda nos muestra un amplio abanico de posibilidades.

La misión de los "consejeros" (¿ángeles? Sin duda, no), es confeccionar una película con el recuerdo elegido, un momento condenado a repetirse una y otra vez. Pondrán todo su empeño, con los medios a su alcance, para "captar" las sensaciones de ese recuerdo: una brisa fresca en un día de calor, la vista del ala del avión, la vez que permaneciste sentado en el parque con el/la que iba a ser tu gran amor.

¿Quién iba a suponer que el final de todo era ver una película?
Y una vez proyectada, los recién fallecidos se irán, con la memoria de esa película, al... ¡paraíso! Atrás quedan los consejeros, dispuestos a recibir a un nuevo grupo de fallecidos, sintiendo como un fracaso las indecisiones de la semana anterior.

¿Y nosotros? ¿No hay un paraíso para nosotros?


¿Paraíso?


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Los primeros pasos animados de David Lynch

Me gustan los desvelos del señor Lynch. Ya sé que a veces es un poco plasta. Le ocurre a todos los surrealistas (cuando lo son), bucean en el fondo de sí mismo intentando conectar con un yo universal, un sustrato humano reprimido común a todos nosotros. Pero, más allá del interés antropológico que me pueda despertar, son más las casualidades que la existencia de una taxonomía universal del inconsciente.

Propongo bucear, no en el yo universal, pero sí en el elemental animado de David Lynch.

Era el año 66, el director realizó para la Pennsylvania Academy of Fine Arts donde estudiaba su primer cortometraje, ganando el certamen anual. Se trataba de una pieza animada que tituló Six Men Getting Sick (Seis hombres poniéndose enfermos). La información que encuentro en Internet es bastante confusa. Por una parte, Lynch describe el cortometraje como "cincuenta y siete segundos de desarrollo y pasión y tres segundos de vómito", lo que nos da la idea de una pieza de un minuto. Por otra parte, las fichas de la película (en IMDB o Filmaffinity) le dan una duración de cuatro minutos. El vídeo que pongo a continuación reza: Six Men Getting Sick (Six times), es decir, repite la misma pieza seis veces. Expreso aquí mi duda, y me decanto más bien por la versión de un minuto. Las repeticiones se deben, a mi parecer, a cierto trucaje para evitar el copyright. En cualquier caso, el vídeo no es gran cosa, con un minuto tenéis más que suficiente (por si hay dudas: termina con las seis figuras vomitando).




Mucho más interesante me parece este segundo cortometraje, realizado con el dinero que obtuvo por el premio del precedente un par de años más tarde. Combina técnicas de animación con interpretaciones reales. La actriz, Peggy Lynch, tiene una pesadilla en la que el alfabeto se vuelve protagonista indiscutible.



Un comentario que leí en youtube me parece la mejor forma de definirlo:
This is how Marilyn Manson learns the alphabet.

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jueves, 5 de enero de 2017

El angustioso sueño del tejón

La animadora escocesa Sharon Colman realizó este cortometraje, Badgered (de badger=tejón) en 2005. Un tejón es incordiado por un par de cuervos. La casualidad quiere que bajo su madriguera se construya un silo de misiles, al que accederá por casualidad. El mundo se puede ir al carajo, pero el tejón debe dormir.

 

No, una pluma no es nada insignificante. El aleteo de una mariposa provoca tempestades. La negativa de Rosa Parks a ceder su asiento a un blanco da fuerza a un movimiento social contra el racismo y la intolerancia. ¿Por qué no #stopdesahucios, #noalosrecortes? 

La vida puede tener atejonadas consecuencias.

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