domingo, 20 de agosto de 2017

Goteo

Escrito y dirigido por Léo Verrier, Goteo (Dégoutté, 2009) supone el trabajo más laureado de su autor. Formado en la Escuela Superior de Artes Gráficas de Penninghen (París), trabaja como autor independiente realizando anuncios publicitarios, videoclips, diseño televisivo y diversos cortometrajes. Como afirma en su web, sus animaciones están llenas de color y humor, y es el tema el que influye en la elección de la técnica y los materiales.

En el presente trabajo, veremos a Jack, un devorador de arte. Devorador en sentido literal. Suculento Monet, apetitoso Picasso. Tantas delicatessen pictóricas... Y el estómago insaciable y finalmente productivo de Jack[son Pollock].



Enlace a la web del autor:
http://www.leoverrier.com/
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martes, 20 de junio de 2017

El gospel de Blackwater

El danés Bo Mathorne dirigió en 2010 este western apocalíptico (por definirlo de alguna manera).


The Blackwater Gospel es el proyecto de licenciatura de ocho estudiantes procedentes de la escuela de animación "The Animation Workshop" (Viborg, Dinamarca). El hecho de que el cortometraje esté rodado en inglés proviene del hecho de que dicha escuela recibe alumnos y profesionales de animación de todo el mundo, y sus clases se imparten en inglés.

El cortometraje nos sitúa en un pueblo aislado durante la conocida "Dust Bowl", la famosa sequía que asoló el norte de América desde el año 1932 hasta 1939, un fenómeno inducido por las malas prácticas de explotación del suelo que provocó el gran éxodo de la población hacia el oeste principalmente. En este pueblo, conocido como Blackwater, sus ciudadanos son liderados por el ministro local de la iglesia (un personaje siniestro), que ha convertido en un mendigo local el blanco de sus iras. Entonces llegará el enterrador, presagiando la muerte inevitable, y todos se preguntan a por quién viene esta vez. ¿Pero es la muerte más poderosa que el miedo?



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jueves, 8 de junio de 2017

Paso de manivela

No hace mucho que me referí al primer trucaje en el cine, de la mano de los hermanos Lumière. En muy poco tiempo, el trucaje iba a evolucionar muchísimo, dándole al cine su verdadero carácter mágico. En este sentido, fue muy importante la labor de Georges Méliès y Segundo de Chomón, al que nos vamos a referir ahora.

Segundo de Chomón (1871-1929)
Uno de estos trucos, presentes en el cine prácticamente desde sus comienzos, e inherente casi al propio arte de la filmación, es el paso de manivela, más conocido actualmente como stop-motion. Como en anteriores ocasiones, es importante que el alumnado conozca los primeros trucajes realizados en el cine para comprender los sorprendentes avances que se han producido en poco más de un siglo de existencia. Además, su puesta en práctica es relativamente sencilla e inmediata, y requiere de mínimos recursos.

El paso de manivela es una técnica de animación consistente en la toma sucesiva de imágenes fijas que una vez proyectadas dan sensación de movimiento. Esta técnica permitía, por un lado, dotar de movimiento objetos inanimados a través de su manipulación. Por otro lado, también podía comprimir el tiempo (un claro ejemplo es Eclipse de sol (1905), de Segundo de Chomón, o por poner un ejemplo moderno, la descomposición de los alimentos en A Zed & Two Noughts (1985), de Peter Greenaway. Sin embargo, es más utilizado en el primer sentido, permitir la animación de objetos inanimados, rígidos o moldeables.

Tres autores se disputan la paternidad de este invento (que podríamos atribuir, tranquilamente, a Muybridge): 
  • Méliès, que en 1896 tuvo un atasco en la manivela mientras filmaba el tránsito urbano en la plaza de la Ópera de París. Descubrimiento puramente accidental de la técnica, que luego empleó en casi todas sus películas.
  • J. Stuart Blackton, que tras una entrevista con Edison, decidió aplicar el invento a sus dibujos.
  • Segundo de Chomón, que introdujo la técnica en España.
Más allá de reconocer la paternidad de tan elemental trucaje, más motivada por el interés hagiográfico de los historiadores del cine que de sus propios inventores y/o de quienes lo han desarrollado, se trata de reconocer las virtudes de una técnica que en sus inicios no aportaron demasiado al desarrollo narrativo del guión. Propongo ver ahora un cortometraje fantástico de Chomón, La casa encantada (ca. 1907) donde podemos comprobar que la técnica se exhibe por sí misma. El guión se hace a medida para explotar los recursos del paso de manivela. Como tantas veces hemos dicho, el cine aún andaba en pañales. Pero qué tiempos éstos, en los que todo estaba por descubrir.





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lunes, 27 de febrero de 2017

Destino



Ahí va la propuesta de hoy. Luego comento...



¿Qué os parece? Walt Disney encargó la realización de un cortometraje animado a Salvador Dalí en 1946. Iba a ser uno más de los cortometrajes que conformarían Fantasia, aunque el proyecto finalmente no cuajó y sólo se rodaron unos veinte segundos. En 2003, partiendo de los bocetos y las indicaciones que Dalí había dejado para su realización, el cortometraje fue retomado, bajo la dirección de Dominique Monféry.

Pero en realidad, el vídeo es un pretexto. No sé si se habrán percatado de la presencia de un reloj de sol en el cortometraje, enfrente de la representación de Cronos. Ese era el arcano. Algo personal: una búsqueda antigua, para un proyecto que se quedó inconcluso. Aquí, podéis ir echando un vistazo.


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miércoles, 15 de febrero de 2017

A 91 cm. de sí mismo

Una propuesta animada que me ha impresionado gratamente.

Prepárense para vivir a cierta distancia de sí mismos, y sobre todo, no enloquezcan por ello. En el fondo, ¿qué sentido tiene saber cuántos centímetros te has desplazado?

Se trata de un cortometraje animado del realizador francés Jérémy Clapin (París, 1974). En su haber, algunos trabajos publicitarios y, hasta la fecha, tres cortometrajes entre los que destaca Skhizein (2008).

El corto se presta a múltiples interpretaciones, y no voy a destripar aquí ninguna. Porque su apuesta inicial, sus primeros compases, ya tienen el gancho necesario para quedar atrapados por este esquizofrénico relato.




Meteoritos, están a la orden del día... La mayoría de las teorías acerca de este fin pronosticado por los mayas hablaron de un meteorito (¡No un asteroide!). Ese fin del mundo pasó, otros meteoritos vinieron. Uno de ellos acabará con nosotr@s. O será otra cosa. Seremos nosotros mismos nuestros aniquiladores.

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domingo, 29 de enero de 2017

Problemas dimensionales de pareja


Coneja quiere ver un programa en la tele, Ciervo quiere ver otro. La discusión se convierte en una batalla que termina de forma fatídica... para el televisor. Pero antes de su defunción, Ciervo vislumbra algo...


Una obsesión se ha apoderado de Ciervo. Toda una vida viviendo en la misma y banal bidimensionalidad. Feliz, tal vez, pero ya nunca más...


Más de cien premios avalan esta cinta del húngaro Péter Vácz (Budapest, 1988). La historia de esta singular pareja combina la animación tradición y el stop-motion con una clara intencionalidad. Una infeliz Coneja asiste al distanciamiento de Ciervo; mientras tanto, el obsesivo Ciervo quedará atrapado en la nueva dimensión. Sus problemas de pareja constituyen la base de este cortometraje con el que se graduó Vácz en el MOME.

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miércoles, 18 de enero de 2017

Una cosa, luego otra...

Porque hoy iba a escribir una cosa, luego fue otra. Y ninguna le convino a mi estado de ánimo. Así que cambié de parecer, varias veces; mientras tanto no paraba de crear borradores y más borradores. Algún día serán entradas o no serán nada. Hoy es el día de no hablar de nada. Me ha sido imposible luchar contra la imbatible blancura de lo no escrito, salvo para esta catarsis.

Para redimiros, disfrutad de este corto del canadiense Malcolm Sutherland, que cobró cierta fama con su corto animado Umbra (2010), al que nos referimos ayer aquí. El que os pongo ahora se realizó el mismo año, y retrata impresiones fugaces en la ciudad de Montréal durante la celebración de la fiesta nacional. El montaje es muy sugerente, y el acompañamiento musical de Kevin Kardasz -una musiquilla de melodeón- le imprime un adecuado carácter minimalista a la pieza.





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martes, 17 de enero de 2017

Una paradoja autorreferente

Malcolm Sutherland es un ilustrador y animador canadiense. Nació en Calgary (Alberta), y estudió Grabado en el ACAD. Después se trasladaría a Montreal en 2002 para dirigir un corto animado para la NFB. Allí estudió Cine en la Universidad Concordia.

Su producción (ilustraciones, cómic y animaciones) tienen un corte experimental que lo aleja del gran público. Como muestra, os traemos su cortometraje más conocido, Umbra (2010). Para explicarlo, voy a recurrir a un dibujo, unos versos y una teoría.

M. C. Escher, Ascending and descending

El conocido dibujo de Escher, los ¿monjes? que dan vueltas subiendo (o bajando) en el plano real, pero sometidos a una geometría no euclidiana, siempre llegan al mismo sitio. Lo real y lo ilusorio actúan al mismo tiempo, como si las fronteras entre uno y otro se desdibujaran, o estuvieran sometidas a una lógica trascendental.

Jorge Luis Borges escribió:

Acaso un dios me engaña. Acaso un dios me ha condenado al tiempo, esa larga ilusión. […] Quizá no tuve ayer, quizá no he nacido.Acaso sueño haber soñado.


Por último, un somero análisis sobre las paradojas. Concretamente, las autorreferenciales, aquellas en cuya arquitectura cíclica comparece la idea de infinito. Una paradoja autorreferente concluye en un doblez de interpretación, a la vez verdadera y falsa. La más conocida, la del mentiroso, afirma: Soy un mentiroso. Si digo la verdad afirmando que soy un mentiroso, la proposición sería falsa. Si por el contrario, he mentido al decir que soy un mentiroso, lo que dice la proposición sería correcto, lo que invalida a su vez la afirmación.

A mí me gusta mucho la paradoja de Russell (popularizada como la del barbero), que en definitiva viene a decir que si un conjunto contuviese a todos los conjuntos que no se contienen a sí mismos, ese conjunto debería ser elemento de este conjunto, lo cual es absurdo, y viceversa. Si no estuviera contenido en este conjunto, éste sería incompleto, pues faltaría un elemento.

Si aquel dibujo, esa cita borgiana y las paradojas autorreferentes logran o no explicar el cortometraje de Sutherland, como cabría esperar, no es verificable. Espero, al menos, que disfruten con su visionado, como quien halla placer en la tortura, visión en la ceguera, o destellos en la podredumbre.



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miércoles, 11 de enero de 2017

Merci, Von Choltitz

Von Choltitz fue el gobernador alemán de París durante los últimos días de la ocupación alemana. Un gobernador desobediente, al menos en lo que respecta a las órdenes recibidas de destruir los principales monumentos de la ciudad en caso de que el ejército nazi no pudiera frenar el avance aliado y conservar la capital francesa.


Una historia que René Clement llevó al celuloide (¿Arde París?, 1966) y que os emplazo a ver, para satisfacción cinéfila (obvia) y también para la de cuantos viajeros van a la ciudad a radiografiarla: pintarla, fotografiarla, filmarla, escribirla, soñarla...

Le debemos gratitud a aquella desobediencia. Aunque el sabor que nos deja la reflexión tiene un sabor agridulce. Me queda la congoja del destrozo que sufren otras ciudades, mucho menos afortunadas...

© Enrique Carratalá
No ardió el puente de Alejandro III
© Enrique Carratalá
No ardió Les invalides
© Enrique Carratalá
No ardió Notre-Dame

© Enrique Carratalá
No ardió París

Merci beaucoup!

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domingo, 8 de enero de 2017

Los primeros pasos del cine

Auguste y Louis Lumière
Vayámonos a los orígenes del cine. Seguir un orden cronológico no es el único método, pero tiene una notable importancia compaginar los hallazgos iniciales, titubeantes, de los pioneros del cine, con las escenas maestras de su desarrollo histórico.

La mayoría de los métodos de lectura tradicional reproducen el orden natural de adquisición de los fonemas. Así, la "p" o la "m" introducen al niño al mundo de la lectura. Primero sílabas, luego palabras, luego oraciones, luego textos.

Creo que para comprender el lenguaje cinematográfico es necesario remontarse a las primeras palabras, más bien balbuceos, del cine. Es el año 1895. A finales ya. Los hermanos Lumière proyectan sus primeros filmes, documentales de apenas un minuto de duración. Precine: la intención artística no está clara aún, pero las imágenes están dotadas de movimiento y "relatan" un acontecimiento. La "p" y la "m" de la lectura cinematográfica. Sus características más notables:


  • Autarquía del encuadre: toda acción empieza y termina en un mismo encuadre.
  • Único plano de conjunto.
  • Ausencia de ficción (menos mal que llegó Méliès y le proporcionó un carácter narrativo al cine, librándolo de ser otro de los muchos inventos que se realizaron a finales del siglo XIX).
  • Angulación horizontal de la cámara y ausencia de movimientos de la misma.
  • Sin montaje.
  • Sin clausura del relato.
  • Composición centrífuga del plano, aprovechando la totalidad del encuadre y evitando un centro predominante de la escena.
Propongo ver al menos tres. Salida de los obreros de la fábrica (1895). Fue el primero, el pistoletazo de salida de un nuevo arte que en menos de tres décadas iba a dejar ya sus primeras obras maestras.



Meses más tarde se rodó la que es considerada la primera película de ficción: El regador regado (1895). Aquí hay una intención narrativa, aunque se trate de un simple gag. En cualquier caso, el primer gag de la historia.


Por último, los primeros pinitos con el montaje: Demolición de un muro (1896). Los hermanos Lumière muestran el rebobinado de una escena. Más motivados por la experimentación que por las cualidades artísticas del producto, dan un importante primer paso mediante la aplicación del trucaje. Lo que dará de sí esto...





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Planos y ángulos en una historia de detectives

El otro día, en un primer acercamiento, me referí a planos y ángulos. Pues qué mejor que verlo de la mano de maestros, y digamos que la de Wyler está fuera de toda duda.

Toda la historia de Detective Story (Brigada 21, 1951) transcurre en la Comisaría 21 de Manhattan (Nueva York). El trabajo de Wyler debe ser excepcional, y ello por dos motivos: se trata de un único escenario (a excepción de unas pocas imágenes rodadas en los exteriores de la comisaría); y además porque adapta al cine una obra de teatro. Dos dificultades para llevarla a la gran pantalla, que debe saldarse con un buen manejo de la puesta en escena (hay abundante reparto condensado en un escenario único de pequeñas dimensiones) y, obviamente, con un uso eficaz de la cámara que dé coherencia fílmica a una obra escrita para los escenarios de Broadway.

Alabanzas aparte al trabajo de dirección, son igualmente reseñables el trabajo de todo el reparto (sin olvidar a los imprescindibles secundarios), la estupenda fotografía de Lee Garmes, y las buenas cualidades del propio guión.


En este fotograma podemos ver a la pareja protagonista. En primer plano está el agente McLeod (Kirk Douglas), de pie y con la mirada baja. Hombre incorruptible, de fuertes principios. Estos mismos principios son los que le están ahogando, manteniendo una lucha interna entre la prevalencia de un rigor moral inflexible o la compasión humana de la que carece. En segundo plano, sentada, está Mary (Eleanor Parker). Poco sabíamos de ella hasta esta escena: que es su mujer, y que la pareja está profundamente enamorada. Pero un hecho viene a alterar la apacible convivencia de la pareja. Se ha descubierto que ella esconde un pasado, se lo confiesa a su marido, y deciden encerrarse en una habitación para hablar. Wyler resuelve esta escena mediante el uso de un picado, mostrando la superioridad moral del agente McLeod y el sentimiento de culpa de Mary.
Ésta es la resolución de Wyler, un director al que se le ha "acusado" de ser extremadamente formal, de no imprimir un sello personal, de autor, a su filmografía. Se podía haber tomado partido. Se podía no haber usado el picado, para defender la difícil situación de Mary. Se podía usar un plano medio para poner a la pareja en "igualdad de condiciones". Pero Wyler, en este momento preciso de la película, decide hacer prevalecer esta superioridad moral del agente McLeod, porque así lo sienten ambos. El posterior desarrollo de la película nos revelará en qué queda todo. Wyler no anticipa el guión, no defiende el caso, no es juez. Únicamente, y no es poco, acompaña la evolución psicológica de sus actores. Veamos la siguiente escena, abundando en lo mismo:


Aquí veremos la misma intención, esta vez mediante el uso de un contrapicado. Arthur (Craig Hill) es un delincuente que ha sido detenido por cometer un robo. Todo apunta a una estupidez de enamorado, aunque él está decidido a afrontar lo que se le viene encima. Moralmente, Arthur se sentía fuerte hasta la escena del fotograma. Irrumpe con fuerza el personaje de Cathy (Susan Carmichael), que intercede por él, lo avala, y logra convencer del arrepentimiento de Arthur y su auténtica bondad al detective Brody (magnífico William Bendix), no así a McLeod, que no es capaz de discernir si es más justo el perdón que el castigo, según las ocasiones.
Wyler incide de nuevo en el aspecto expresivo de la angulación, remarcando el detalle de las cadenas, del bajón moral de Arthur y de la abnegada Cathy, que lucha por sacar del atolladero a su amigo, del que siempre ha estado enamorada, aunque él nunca la había visto más que como una amiga que siempre estaba ahí.


Pero no todos van a ser picados y contrapicados. Su carácter suele ser muy expresivo, pero contribuyen poco al desarrollo narrativo. En este plano general podemos ver a la anterior pareja (al fondo), al detective Brody (en medio), y en un primer plano a un "auténtico" par de sinvergüenzas. El detective viene de propinarle un par de patadas a Charley (Joseph Wiseman), que se contrae de dolor. Si nos fijamos bien, al fondo, sobre la pared, aparece un cartel que habla de la "cortesía" con la que atiende el personal de la comisaría.
Es en estos planos medios donde Wyler se luce. Al fondo, un desesperado Arthur mira a Charley, el sinvergüenza que le acaba de recordar cómo acabará él después de pasar una temporadita en la trena. Cathy se fija, sin embargo, en la que puede ser su única tabla de salvación: el detective Brody, que está convencido de la bondad natural de Arthur. La otra mirada es la que le echa Lewis (Michael Strong) a su compañero de fechorías. Poco le importa la suerte de su amigo, con el que acaba de negociar quién se llevará unos dólares de más del último golpe, subrayando así la bajeza moral en la que ambos personajes se mueven.

Sí, y todo ello en un solo plano.

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viernes, 6 de enero de 2017

After Life... Un recuerdo

Has muerto. ¿Y ahora qué? ¿La nada, el limbo, el infierno, el paraíso? ¿Cuál es el premio por una vida virtuosa, el castigo por una vida de maldad? ¿Qué apariencia tendrás cuando hayas muerto? ¿Podrás redimirte? ¿Un retorno expiatorio, la reencarnación? Y los sentimientos, ¿es cosa de este mundo? Nuestros odios, nuestras pasiones, ¿se quedarán aquí con tu cuerpo fenecido?

After Life (1998) es el segundo largometraje de ficción del aclamado director Hirokazu Koreeda. ¿Y después de la vida, qué? Koreeda nos pone en la piel de un grupo de recién fallecidos, que son recibidos por un grupo de personas (de momento, poco sabemos de ellas) con la intención de ayudarlos. Este grupo de "consejeros" les explican a los recién llegados que pasarán juntos una semana, tiempo durante el cual deberán elegir un recuerdo, sólo uno, con el que "vivirán" el resto de su existencia. 

Así que vamos a responder algunas preguntas:

Pasen primero por ventanilla...
Has muerto. Hoy es lunes, y entras junto a otros fallecidos a un viejo edificio. Estás desorientado. Te recibe un pequeño grupo que os reúne a todos en una habitación. Uno a uno, os van llamando aparte. Es tu turno. Te recibe un chico joven que te explica que él también está muerto, y que su tarea aquí es la orientarte. Te da un plazo de tres días para meditar sobre tu propia vida. Transcurridos esos tres días, deberás decirle con cuál de todos los momentos de tu vida te quedas... Piénsalo bien, sólo debes elegir uno. El resto de la semana, él se dedicará a recrear ese momento con la mayor exactitud posible y lo plasmará en una película.

Puede ser que decidas no elegir... ¡es una opción! ¿Quién en su sano juicio descartaría todos los buenos momentos de una vida para quedarse sólo con uno? Recuerdas una canción de Rush que decía:

"if you choose not to decide, you still have made a choice"

Es absurdo quedarse con un único recuerdo
Puede ser que no tengas ni un sólo momento tan significativo en tu vida que merezca la pena ser recordado ad infinitum. Que tus actos sean una fuente de remordimientos, o que tu vida sea de una pasmosa mediocridad. ¿Quién querría recordar  una y otra vez lo ruin que fuiste en vida, o tu anodina existencia?

No hay nada que quiera recordar. ¿No es eso lo más parecido al infierno?
Puede ser que la senectud haya hecho mella en tu cerebro, y no estás capacitado ya para decidir.

Puede ser, tal vez, que lo tengas claro... ¡Afortunado tú!

Cuando era pequeña...
Koreeda nos muestra un amplio abanico de posibilidades.

La misión de los "consejeros" (¿ángeles? Sin duda, no), es confeccionar una película con el recuerdo elegido, un momento condenado a repetirse una y otra vez. Pondrán todo su empeño, con los medios a su alcance, para "captar" las sensaciones de ese recuerdo: una brisa fresca en un día de calor, la vista del ala del avión, la vez que permaneciste sentado en el parque con el/la que iba a ser tu gran amor.

¿Quién iba a suponer que el final de todo era ver una película?
Y una vez proyectada, los recién fallecidos se irán, con la memoria de esa película, al... ¡paraíso! Atrás quedan los consejeros, dispuestos a recibir a un nuevo grupo de fallecidos, sintiendo como un fracaso las indecisiones de la semana anterior.

¿Y nosotros? ¿No hay un paraíso para nosotros?


¿Paraíso?


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Los primeros pasos animados de David Lynch

Me gustan los desvelos del señor Lynch. Ya sé que a veces es un poco plasta. Le ocurre a todos los surrealistas (cuando lo son), bucean en el fondo de sí mismo intentando conectar con un yo universal, un sustrato humano reprimido común a todos nosotros. Pero, más allá del interés antropológico que me pueda despertar, son más las casualidades que la existencia de una taxonomía universal del inconsciente.

Propongo bucear, no en el yo universal, pero sí en el elemental animado de David Lynch.

Era el año 66, el director realizó para la Pennsylvania Academy of Fine Arts donde estudiaba su primer cortometraje, ganando el certamen anual. Se trataba de una pieza animada que tituló Six Men Getting Sick (Seis hombres poniéndose enfermos). La información que encuentro en Internet es bastante confusa. Por una parte, Lynch describe el cortometraje como "cincuenta y siete segundos de desarrollo y pasión y tres segundos de vómito", lo que nos da la idea de una pieza de un minuto. Por otra parte, las fichas de la película (en IMDB o Filmaffinity) le dan una duración de cuatro minutos. El vídeo que pongo a continuación reza: Six Men Getting Sick (Six times), es decir, repite la misma pieza seis veces. Expreso aquí mi duda, y me decanto más bien por la versión de un minuto. Las repeticiones se deben, a mi parecer, a cierto trucaje para evitar el copyright. En cualquier caso, el vídeo no es gran cosa, con un minuto tenéis más que suficiente (por si hay dudas: termina con las seis figuras vomitando).




Mucho más interesante me parece este segundo cortometraje, realizado con el dinero que obtuvo por el premio del precedente un par de años más tarde. Combina técnicas de animación con interpretaciones reales. La actriz, Peggy Lynch, tiene una pesadilla en la que el alfabeto se vuelve protagonista indiscutible.



Un comentario que leí en youtube me parece la mejor forma de definirlo:
This is how Marilyn Manson learns the alphabet.

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jueves, 5 de enero de 2017

El angustioso sueño del tejón

La animadora escocesa Sharon Colman realizó este cortometraje, Badgered (de badger=tejón) en 2005. Un tejón es incordiado por un par de cuervos. La casualidad quiere que bajo su madriguera se construya un silo de misiles, al que accederá por casualidad. El mundo se puede ir al carajo, pero el tejón debe dormir.

 

No, una pluma no es nada insignificante. El aleteo de una mariposa provoca tempestades. La negativa de Rosa Parks a ceder su asiento a un blanco da fuerza a un movimiento social contra el racismo y la intolerancia. ¿Por qué no #stopdesahucios, #noalosrecortes? 

La vida puede tener atejonadas consecuencias.

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miércoles, 4 de enero de 2017

El cine en el aula

El alumnado, tan bien -o mal, ese es otro debate- alfabetizado en otras áreas, apenas es atendido en el código de la imagen, fija o en movimiento. En concreto, el uso del cine en el aula no suele incluir una profundización sobre su lenguaje artístico. No ocurre lo mismo con la música, por ejemplo, o con los lenguajes plásticos.

Así como ciertos códigos -el lingüístico o el matemático- generan cierto rechazo, el artístico es generalmente bien asumido. El cine, rara vez se enfrentará a un rechazo frontal, lo que supone partir con una ventaja nada desdeñable.

Cierto es que el desconocimiento de estos códigos de la imagen no son disuasorios del disfrute que una obra fílmica puede ocasionar, del mismo modo que no conocer el lenguaje musical no impide el goce de una canción cualquiera. Es obvio que el lenguaje artístico tiene un componente emocional que, de alguna manera, está por encima del conocimiento de sus lenguajes intrínsecos.

Así pues, el uso del cine en las aulas lleva implícito:

  • Un componente emocional que no requiere conocimientos previos.
  • Transmisión de otros contenidos curriculares: Historia, Ciencias Sociales o Naturales, Literatura, Música, etc.
  • Transmisión de contenidos transversales.
  • Un código de la imagen que rara vez ha sido atendido en la escuela. Y en este sentido podemos actuar a un doble nivel: el teórico -mediante la comprensión de los elementos propios de la fotografía y el cine-, o práctico -mediante la realización de un proyecto fílmico de cierta envergadura-.
Entiendo que el placer que sentimos ante una obra de arte depende mucho del conocimiento que tengamos del lenguaje utilizado. Y constato, por otra parte, que el conocimiento que se tiene del lenguaje cinematográfico es realmente escaso, si lo comparamos con otros lenguajes artísticos; irrelevante, si lo comparamos con el resto de lenguajes científicos o lingüísticos. Vamos, todo un campo por explorar.

Analicemos la dificultad: por un lado, la gran cantidad de detalles técnicos, que aunque no sean propios del lenguaje cinematográfico en sí, están inmersos en su contexto. No podemos negar la gran cantidad de códigos no artísticos que confluyen en una película: producción, montaje, etc. Por otro lado, la gran cantidad de códigos de diversa índole que intervienen en una película: el guión, las interpretaciones, la banda sonora, la fotografía, la escenografía, vestuario, decorados, etc. Por último, el lenguaje propio del cine, su abc esencial.

Y es que el cine está hecho de muchas cosas, también de sueños. Pero esos sueños lo forman planos,  secuencias, ángulos, movimientos de cámara...

Y es este abc el que debemos transmitir al alumnado, de la misma forma que antes de afrontar una novela, un escritor aprendió, un día de hace mucho tiempo, a leer y a escribir. Creo que sería bueno para el alumnado hacer correlación, además, entre los conceptos lingüísticos -morfológicos y sintácticos- o matemáticos con los cinematográficos. Me limitaré a nociones muy básicas.

Sin ser novedoso, creo que es una buena manera de introducir el lenguaje cinematográfico en el alumnado a través de su correlación con la estructura gramatical del lenguaje natural. La distinción de estos elementos gramaticales, en el plano morfológico, comienza a edades muy tempranas, seis o siete años. Y es que resulta tan sencillo como asociar:
  • El sustantivo al plano, para designar los objetos (o sujetos)
La distinción de planos, como unidades mínimas del lenguaje cinematográfico, nos permitiría distinguir entre planos generales, medios, y primeros planos.
  • El adjetivo a la angulación, para definir las cualidades de esos objetos (o sujetos)
La modificación del significado del plano, la angulación del encuadre, presupone nociones generales de ángulos, lo que refuerza los contenidos matemáticos trigonométricos.
  • El verbo a los movimientos de cámara, para trasladar las acciones.
Por último, la acción es el equivalente del movimiento de cámara, que permite interpretar cambios, movimientos o alteraciones de los objetos.
Está claro que esto supone una forma de adentrarse a las características propias del lenguaje cinematográfico por analogía con otro que es más conocido. Vamos a adentrarnos un poco en cada uno de estos tres elementos, conocer sus tipos básicos y su funcionalidad. Ni que decir tiene que a medida que se vaya profundizando en cada uno de estos elementos se irá abandonando la comparación con otros lenguajes conocidos y, por supuesto, la complejidad de su análisis requerirá que se vaya adaptando a la madurez intelectual del alumnado.

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El plano


Cada una de las tiras continuas de rodaje que conforman una película. Supone una selección de espacio y tiempo, determinado por el encuadre (límites del visor de la cámara). Los principales tipos de plano son:
  • Planos generales, que describe un escenario de grandes dimensiones. El espacio es aquí el protagonista y se utiliza a menudo para situar al espectador. Tienen un carácter descriptivo. Podemos clasificarlos en:
    • Gran plano general, el de mayor extensión; o plano general, restringido a un elemento.
    • Plano de conjunto, que resalta la actividad de un grupo de personas en un entorno.
  • Planos medios, que se centran en la figura humana. Tienen un carácter narrativo, pues contribuyen a hacer progresar la narración de la película. Los podemos clasificar en:
    • Planos de acción, mediante el uso de planos enteros (que encuadran toda la figura humana) o planos americanos (corta la figura humana a la altura de la rodilla, aproximadamente).
    • Planos de diálogo, que resaltan la expresividad de la cara y gesticulación de manos y brazos.
  • Planos cercanos, centrados en el rostro para potenciar las emociones. Suelen reservarse a momentos de gran intensidad dramática, por lo que no suele abusarse de ellos. Tienen un carácter expresivo, y los podemos clasificar en:
    • Plano corto o primer plano, que encuadran todo el rostro.
    • Primerísimo primer plano, que recorta el rostro desde la barbilla hasta la frente.
    • Plano de detalle, centrado en un elemento del rostro. Los ojos, por ejemplo.

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La angulación


Referido al ángulo de enfoque de la cámara. La modificación de este eje de enfoque con respecto a la imagen filmada modifica el significado del plano. Sus connotaciones semánticas pueden ser diversas, pero habrá que considerar las siguientes:

  • Ángulo normal, en el que la cámara se sitúa a la altura de los ojos. Es un ángulo neutro.
  • Picado, en el que la cámara está por encima de los ojos. Suele mostrar el empequeñecimiento del personaje. Fragilidad, vulnerabilidad, sometimiento. La situación máxima conforma los planos cenitales.
  • Contrapicado, en el que la cámara mira hacia arriba, situándose por debajo de los ojos. Enaltece al personaje, muestra su fuerza, la seguridad en sí mismo. La situación máxima conforma el plano nadir.
  • Oblicuo, es decir, con una inclinación en la vertical para expresar inquietud, inestabilidad, ansiedad.

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Movimientos de cámara


Asociados a la acción, al verbo. A lo largo de su historia, la cámara ha pasado de ser un elemento estático a un elemento profundamente dinámico. Veamos las más comunes:
  • Panorámica, en el que la cámara se desplaza sobre su eje horizontal o vertical. Puede tener un carácter descriptivo, pero también dramático. Si se efectúa con brusquedad, podría denotar violencia.
  • Travelling, en el que la cámara sigue la acción, amenizándola. Suele montarse la cámara en un pequeño vagón para seguir la escena, o bien se monta en una grúa, lo que permite mayores posibilidades espaciales.
  • Zoom, o travelling óptico. Permite aumentar o disminuir la tensión si el efecto es el de acercarse o alejarse del objeto (o sujeto).
Si planos, ángulos y movimientos de cámara tienen su correlación con los aspectos morfológicos del lenguaje natural, al hablar de montaje nos estaremos refiriendo a la parte sintáctica del lenguaje cinematográfico, a la forma en que los diferentes elementos se unen para adquirir sentido.

La importancia del montaje es innegable, aunque no todos los directores de cine disfrutan lo mismo en esta fase: del disfrute artístico del rodaje pasan a la disección de diversas tomas en un laboratorio. También es cierto que es la parte en que los productores suelen inmiscuirse y "aconsejar" cambios.

A grandes rasgos, podemos considerar dos estilos de montaje:
  • El montaje narrativo, que pretende lograr la fluidez de la acción. Puede seguir el orden temporal de los hechos, o bien mediante el uso del flashback, que traslada algunas escenas al pasado. En este sentido se pueden distinguir las analepsis (vuelta retrospectiva repentina al pasado del personaje) de los raccontos (de carácter más suave, con carácter preactivo, que trata de dar definición a una situación inicial del relato).
  • El montaje expresivo, que prescinde del relato para acentuar ideas o sentimientos concretos. Suele ser característico de un cine más creativo y poético, incluso experimental.
La existencia de estos dos estilos no significa que sean excluyentes, aunque el predominio de cada uno de ellos va a determinar el tipo de película. Wyler, que en su meticulosidad hacía que su "mano" pareciera invisible, sería un representante ideal del primer estilo. Vértov, en el otro extremo, hizo del montaje el objeto de sus experimentos cinematográficos.
The Pillow Book (P. Greenaway, 1995)
He tomado el siguiente fotograma para visualizar un montaje expresivo, con un fuerte carácter creador, y a la vez dramático. Greenaway superpone dos planos. En el plano del fondo se exhibe una secuencia que permite la lectura de la oración que aparece escrita en el cuerpo. En el plano pequeño que aparece debajo, en contraste con el carácter dramático del primero, se representa una persona que escribe en el cuerpo de otra. Esta coexistencia del acto lector y escritor acentúa el dramatismo de una escena erótica de la pareja protagonista.
No podemos olvidarnos, al hablar de montaje, de las transiciones entre los diferentes planos. Tienen un definido carácter dramático, y cabe mencionar los siguientes:
  • Fundido. Oscurecimiento progresivo de la imagen, generalmente en negro. Acentúa el tránsito pausado a una escena diferente.
  • Corte seco. Se unen los planos de forma brusca, con gran fuerza expresiva.
  • Encadenado. Un plano se superpone lentamente a otro, dando la idea de un cambio espacial o temporal.

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Memoria y espejo

El espejo (1975)
Leí una invitación que me hicieron por Facebook para reunirse los antiguos alumnos del instituto. Leí la invitación, pero con un mes de retraso. ¿Con un mes? Creo que son más de veinte años de retraso... La persona que hizo la invitación tuvo a bien mandar un enlace con fotos, de ahora y de antes, de esas que funcionan como sacacorchos del recuerdo. Pero o bien el champán de mi sesera ha perdido todo el gas, o me temo que mi paso por la vida es como la de una mecha encendida, que al pasar quema el camino y apenas deja rastro.

No sé si será significativo, pero la película con la que menos he podido conectar con Tarkovski es precisamente El espejo. Creo que todo estriba en la imposibilidad de conectar mi propia vida a mis recuerdos, aunque la pretensión de Tarkovski no era hacer una biografía, más bien amontonar recuerdos con carácter universal. De hecho, como afirma Misharin -coguionista de Zerkalo-, la mitad de esos recuerdos ni siquiera son atribuibles al realizador ruso.

No guardo el pasado, desde luego, y mis recuerdos mezclan elementos ficticios arraigados a trazas de realismo que difícilmente conforman una memoria al uso. La memoria debería seguir el discurso, aunque inconexo, de una vida. Mi sensación es la contraria. Vivo como si no tuviera memoria, por eso me resulta tan difícil conectar con ese lenguaje universal del recuerdo que algunos afirman que existe.



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Nacionalismos emergentes

En 1943, Zoltan Korda se puso manos a la obra con esta película propagandística, que ensalza las bondades de la camaradería aliada mediante el retrato de un pequeño grupo de soldados que, llegado el momento, se plantan junto a una ruina en el desierto con el fin de detener a un batallón nazi. Las apuestas son de cincuenta a uno, así que, viéndolas venir, no estaría de mal apostar ingentes cantidades monetarias por los vencedores de la contienda. Korda se aplica y logra un buen trabajo, con una fotografía excelente a cargo de Rudolph Maté y un conseguido elenco de secundarios que corean a su improvisado líder, el siempre carismático Humphrey Bogart.

Y ni más ni menos que Korda le atribuye a esta soñada heroica resistencia la victoria de El Alamein. Para descubrir las virtudes de la película, primero hay que quitar la paja:
  • Es paja las cordiales relaciones entre británicos y norteamericanos, que proveen de cigarrillos a este improvisado grupo -en especial al francés que alaba las bondades de los pitillos americanos. Tan cordiales son que el sargento británico no duda ni por un instante ponerse al servicio del sargento americano.
  • Es paja la inclusión del soldado sudanés. Remarca el tema del racismo nazi, y lo erige en su vengador.
  • Es paja el francés comiendo queso y bebiendo vino.
  • Es paja el retrato plano del ejército nazi.
  • Es paja el italiano que defiende a Mussolini y despotrica de Hitler.
Pero si prescindimos de los tópicos, nos queda una historia bien contada. Tanto, que es comprensible el efecto que pudo causar sobre el público al que iba destinado. Fervor por la causa aliada, empatía por los desvividos soldados que, sin agua ni alimento y motivados por una causa humanitaria y de libertad verborreica, nos liberan del todopoderoso eje del mal. ¿No es comprensible también que el discurso nacionalista haya causado tanta mella en una sociedad quejumbrosa? Ayer los vascos y mañana los catalanes son convencidos de las bondades de una política liberadora del yugo estatal -otro nacionalismo de mayor envergadura-. Es una película, la de los políticos con sus fronteras, sus competencias, sus dominios. Y entiendo que haya quien vea en ella una obra importante. Pero para mí, es un guión flojo, es una historia aburrida, está llena de tópicos. Qué poquito me atraen los separatismos y unionismos confederados, qué soeces las conquistas del punto estratégico que, más allá de la batalla, son sólo una colina dispensable, un puerto de marineros...




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Nota a pie de página

Con un realismo apabullante, Los momentos eternos de Maria Larsson (Jan Troell, 2008) es sin duda la película del día. Momentos eternos referidos a las instantáneas que Maria va captando con su cámara. Momentos eternos que conforman una vida, pero que unidas entre sí no dan el resultado de esa vida. Una vida no es eterna, en cualquier caso, y apenas concibe la eternidad sino como una prolongación infinita de tiempo, antecediéndola y sucediéndola. La eternidad, por ser un todo, no puede ser una línea temporal, en cualquier caso, sino un punto. Y no puede ser entendida en clave de tiempo, porque sería someterla a un yugo humano.

Bueno, la película no divaga, que yo solito me basto.

Pero en clave de eternidad entiende Maria su paso por este mundo, firmando con una última foto una vida reducida a momentos eternos: sus hijos -dados al mundo entre el amor que le profesa a un "duro" hombre y la esclavitud femenina al que éste la somete-; su idilio platónico y platónicamente correspondido; los acontecimientos sociales que la rodean, pero sin ser exhaustiva de la noticia; y ciertos hilos que terminan de hilvanar esta vida que no llamaré desdichada.

Cuando terminé de verla, y con un buen sabor de boca, me quedé adormilado. En esto, los diálogos de una película que proyectaban en ese momento en la televisión, sonaban como un chiste.


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